2011/01/31

LA NECRÓPOLIS DE TARQUINIA ¿DE QUÉ SE REÍAN LOS ETRUSCOS?

Dicen que ni en la sonrisa de la Gioconda hay tanto misterio como en ese mismo gesto de los etruscos desde lo alto de sus sarcófagos. ¿Por qué sonreían encaramados en esas pétreas cajas que iban a ser su morada por toda la eternidad? Su creencia en el más allá tuvo que ser intensa o así nos lo parece ahora, cuando observamos que lo más importante de su legado artístico está relacionado con el mundo de ultratumba. Éste, el Sarcófago de los Esposos, el más conocido, se encuentra en el Museo Nacional Etrusco de la Villa Giulia en Roma. Hace casi ya un mes que cogimos el tren en Termini (Roma) con dirección a Pisa. Tras poco más de una hora de tranquilo viaje bajamos en Tarqüinia (la diéresis es mía). Allí un autobús lanzadera nos subió al cerro donde se asienta la ciudad medieval y desde allí nos acercamos andando a la necrópolis: unas 6000 sepulturas, 60 con pinturas , visitables unas 15. Aquí están las pinturas de algunas de ellas : Tumba de los leopardos Tumba de las Bacantes
Tumba de la fustigación
Tumba de los Giocolieri (Titiriteros) No se ponían muy transcendentes en el final de su vida terrenal. ¿De ahí su sonrisa?


La mayor parte de las tumbas son de los siglos VI y V adC . Pronto llegarían los romanos.

2011/01/30

LOS INDIOS HUITOTOS EN LA VANGUARDIA

"Cuando, el último día de agosto de 1910, Roger Casement llegó a Iquitos después de seis semanas y pico de viaje agotador que los trasladó a él y a los miembros de la Comisión desde Inglaterra hasta el corazón de la Amazonía..." (fragmento de El sueño del celta de Mario Vargas Llosa)...los lectores del periódico de Barcelona La Vanguardia ya conocían la situación que los británicos encontrarían allí. En efecto, este periódico catalán había publicado un par de meses antes, el 16 de Junio de 1910, y bajo el título Obra Humanitaria un artículo del vicepresidente de la Sociedad Libre de Estudios Americanistas, Enrique Deschamps sobre el tema del maltrato a los indígenas de la Amazonía. El núcleo de ese artículo estaba constituido por la denuncia de un, todavía, liberal Ramiro de Maeztu a la explotación de los indios huitotos (uitotos, witotos o güitotos) por la compañía cauchera inglesa Peruvian Amazon Company. Leamos un fragmento de esa denuncia: "...Se obliga a los indios a entregar cada día tantos kilos de caucho. Cada capataz es ayudado por una patrulla de hombres armados, que en algunas secciones no pasan de cinco y en otras no bajan de ochenta. Y si los indios no entregan cada diez días la cantidad señalada, son unas veces azotados, otras mutilados y otras fusilados. Adviértase que aquellos indios «huitotos» son sencillos, hospitalarios, incapaces de organizarse para ninguna clase de oposición y de protesta y, por añadidura, carecen de armamentos..." El citado artículo se puede leer completo en la magnífica hemeroteca virtual de La Vanguardia.

2011/01/18

KATENERE, HÉROE BORA

La historia del cacique bora Katenere queda escondida en la maraña de relatos que Vargas Llosa teje en "El sueño del celta".
Katenere es el protagonista de una rebelión contra la violencia que a principios del siglo XX estrangulaba física y mentalmente a los indígenas del Putumayo. Eran los tiempos del caucho. El cacique bora asesinó a Bartolomé Zumaeta -pariente del todopoderoso rey del caucho Luis César Arana- por haber violado a su mujer. Robó los rifles de sus jefes y al frente de un pequeño grupo de su tribu se internó en la selva. Durante dos años no pudieron detenerlo. Después llegaron su delación, tortura y asesinato, porque así suelen terminar las aventuras de los héroes del pueblo.

A pesar de ser el relato de la única rebelión indígena, ya sea en el Congo, ya en la Amazonía, de la novela, no ocupa ni una página completa:


"El joven cacique bora del lugar, llamado Katenere, una noche, apoyado por un grupito de su tribu, robó los rifles de los jefes y «racionales», asesinó a Bartolomé Zumaeta (pariente de Pablo Zumáeta), que en una borrachera había violado a su mujer, y se perdió en la selva. La Compañía puso precio a su cabeza. Varias expediciones salieron en su busca. Durante cerca de dos años no pudieron echarle mano. Por fin, una partida de cazadores, guiada por un indio delator, rodeó la choza donde estaba escondido Katenere con su mujer. El cacique logró escapar, pero la mujer fue capturada. El jefe Vásquez la violó él mismo, en público, y la puso en el cepo sin agua ni alimento. La tuvo así varios días. De tanto en tanto, la hacía azotar. Finalmente, una noche, el cacique apareció. Sin duda había espiado las torturas de su mujer desde la espesura. Cruzó el descampado, tiró la carabina que llevaba y fue a arrodillarse en actitud sumisa junto al cepo donde su esposa agonizaba o ya estaba muerta. Vásquez ordenó a gritos a los «racionales» que no le dispararan. El mismo le sacó los ojos a Katenere con un alambre. Luego lo hizo quemar vivo, junto con la mujer, ante los indígenas de los alrededores formados en ronda" (El sueño del celta, pág 221) .
Según parece los consumidores de narraciones literarias (o cinematográficas) prefieren héroes cercanos con los que identificarse y los creadores... se los dan.

Esta tendencia, que llega al paroxismo en las narraciones cinematográficas estadounidenses, está bastante generalizada.
En la reciente película de la directora española Icíar Bollaín, También la lluvia, un forzado happy end roba el protagonismo heroico al indígena encarnado por Juan Carlos Aduviri, Daniel (en representación de todo el pueblo boliviano de Cochabamba). El guión le obliga a rcompartir el papel de héroe con Costa, el cineasta español interpretado por Luis Tosar.