2011/05/07

MIGUEL DE UNAMUNO EN EL PAGASARRI

Miguel de Unamuno tenía 28 años cuando ascendíó, por primera y última vez, al Pagasarri, monte bilbaíno de 673 m. Así describe su experiencia en un artículo publicado en el periódico “El Eco de Bilbao” en Septiembre de 1893:

“El que sintiéndose con fuerzas y desee en un día sereno gozar de un solemne panorama y ver en plano de relieve toda la ría y el Abra de Bilbao, debe subir a Pagazarri, seguro de que allí arriba, si sabe aprovecharlo y abrir el alma a la naturaleza y el pecho al aire de Dios, se le pagan con creces las dos horas largas de ascensión (1).
Vistas desde el Pagasarri

Se llega al cabo a la meseta, a un trozo de aire libre, y allí se escapa del pecho un hondo suspiro de triunfo y de vida, y se tiende la vista ávida por toda la extensión del contorno.

Por de pronto el triunfo envanece. Es cosa, en efecto, de observación cotidiana, y que arraiga en la vanidad del hombre, que éste subido en zancos se cree mejor que los demás. A cuantos se indignan de los deberes igualitarios, temiendo por sus cabezas, se les puede aconsejar que se apeen de los zancos y no tengan cuidado. Desde la cima del Pagazarri el espíritu escupe a Arraiz y Arnótegui –que quedan más abajo- como desde éste se desprecian las alturas de la humilde cordillera de Archanda; allí cree uno poder hombrearse con los gigantes de Vizcaya, que en vasta congregación le rodean.

Recogido en el cielo se dibuja la cabezota chata del Gorbea, sobre una diadema de peñas desnudas, como las de Mañaria que cierran la vista a la izquierda de aquél, dejando asomar la cresta puntiaguda del legendario Amboto, y luego se alzan las anchas espaldas del Oiz, Sollube, Jata, de cabezas de borona, y al otro lado de El Abra en que se muestra el mar, Serantes cónico, reproducido en el Montaño, las elevadas lomas de Triano, y luego el pico Ereza, y cuando el espectador siente crecerse, allí cerca, casi al alcance de la mano, al otro lado de la barranca fragorosa, de la falda de allá del Pagazarri, “hayal espeso”, Ganekogorta pelado, parece venirse con desprecio encima del enano envanecido en sus gigantescos zancos.

A un lado de un barranco sombrío, cuajado de árboles, encañadas oscuras y perspectivas sombrías; al otro lado se abre el valle de Bilbao. La villa parece un puñado de tejados, a orilla de la cinta plateada del Nervión, velada a trechos por el humo, el valle y las riberas de su ría, nada son junto a la solemne asamblea de montañas"


(1) "Dos horas largas" parece mucho tiempo para un montañero de hoy, pero…. ¿por dónde hizo la ascensión al Pagasarri nuestro escritor “mendigoizale”?
Es posible que atravesara el río Nervión por el puente de San Antón, subiera por la calle San Francisco, dejando a su izquierda toda la actividad minera de Miribilla y llegara hasta el puente peatonal de Cantalojas. Una vez allí, tal vez, comprobase desde la distancia el avance de las obras de la Iglesia de San Francisco de Asís (5ª parroquia), aún sin sus torres. Se quedaría por unos momentos observando desde allí las maniobras de algún tren (¡el ferrocarril a Tudela tenía ya 30 años!) entrando en el túnel y, por la calle Zabala continuaría su ascensión contemplando pronto, a su derecha, el caserío Torre-Urizar. Ya, avanzando por caminos carreteriles salpicados de caseríos, se internaría en un espeso bosque caducifolio (roble, castaño, fresno…) No encontraría ni rastro de los actuales pinares (aunque Mario Adán de Yarza ya estaba experimentado en varias zonas de Bizkaia con el Pino de Monterrey o Insignis traído de México). Cerca ya de la cumbre se internaría en el espeso hayedo, hoy desaparecido, que dió nombre al monte.