2011/08/12

TOREROS Y RECORTADORES EN LA CRETA MINOICA



Cuernos en el palacio de Cnosos

El toro, símbolo de potencia fecundante tiene una importancia sustancial en la mitología cretense y europea.

El mismo nombre de nuestro continente se relaciona con un mito en el que participa el toro: Europa, una fenicia de Tiro, es secuestrada por el dios Zeus en forma de toro y es llevada a Creta. De esta relación nacerá Minos el legendario rey fundador de Creta.
Sin embargo, según Herodoto, Europa fue secuestrada por los minoicos. Sería una de las muchas acciones de esta naturaleza (rapto de mujeres asiáticas por europeos y viceversa)que explicarían las malas relaciones seculares entre ellos (recordemos el secuestro de la asiática Medea por Jasón o el de la micénica Helena por los troyanos, etc...). El enfrentamiento E-O, que aún continúa, sería un lamentable y monumental lío de faldas.
Pero volvamos al toro.
Son muchas las referencias a la figura de este animal en la antigua Creta. Además de la temida figura del Minotauro (cabeza de toro y cuerpo de hombre), existen numerosos frescos minoicos que reflejan danzas taurinas rituales. Toda una serie de ritos simbólicos que hacen referencia a la victoria sobre el toro. Según parece se realizaban saltos por encima del animal para demostrar la superioridad del hombre sobre él. Es fácil suponer que en muchos casos la fiesta ritual terminase con el sacrifico del toro.Fresco del Palacio de Cnosos

Las corridas del sudoeste europeo pueden ser consideradas como un residuo de aquellos ritos antiguos en los que se sacrificaba el toro, animal tan temido como respetado.


Cabeza de toro en el Museo Arqueológico de Heraklion.

BORGES EN EL LABERINTO DE CNOSOS

Minos, rey de Creta, hace que Dédalo le construya un laberinto en su palacio de Cnosos para ocultar al hijo que su mujer, Pasifae, ha tenido con un toro. Este hijo es un monstruo, de cuerpo humano y cabeza de toro, que exige sacrificios humanos. Teseo lo mata con la ayuda del hilo mágico de Ariadna, hija de Minos. Es el final del Minotauro. La leyenda es, probablemente, consecuencia de, por una parte, el culto al toro en la cultura cretense y, por otra, de la edificación de intrincados complejos palaciales, como el de Cnosos, en la isla.




Borges, fascinado desde su infancia por los laberintos, visita Creta en 1984 y escribe:

"El hilo que la mano de Ariadna dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el hombre con cabeza de toro o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedra y volver a ella, su amor.

Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el del tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.

El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en un sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad"

Cnossos, 1984

Antes (1969) había escrito en Elogio de la sombra:

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino.
Como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera
.

Y continúa (también en Elogio de la sombra):

Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolado.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
éste el último día de la espera.