2011/09/22

MIGUEL DE UNAMUNO y NIKOS KAZANTZAKIS

Al atardecer de un luminoso día descubrimos la tumba del escritor Nikos Kazantzakis en lo alto de la muralla veneciana que protegió la ciudad de Heraklion durante siglos.

Sólo conocíamos los títulos de alguna de las obras del cretense: Zorba el griego, La última pasión de Cristo…es decir, las llevadas a la gran pantalla.

Nos enteramos que había sido periodista y que ejerciendo su trabajo se había entrevistado en un par de ocasiones con nuestro Unamuno, el bilbaíno del sentimiento trágico.

Cuenta el griego que la última vez que le vió fue en septiembre de 1936, en Salamanca. Un Unamuno envejecido, hundido y desesperado, que veía el abismo abrirse a sus pies, repetía que había que inculcar a los jóvenes fe y esperanza. No atendió a las preguntas de Kazantzakis y le leyó su “San Martin Bueno, mártir”, donde desarrolla su tesis del momento: No importa que el adulto, el sacerdote en el caso del libro, haya perdido la fe, su deber es engañar al joven incapaz de mirar de frente la verdad sin caer en la desesperación.

"Estoy desesperado -exclama cerrando los puños-. ¿Usted piensa sin duda que los españoles luchan y se matan, queman las iglesias o dicen misas, agitan la bandera roja o el estandarte de Cristo porque creen en algo? ¿Qué la mitad cree en la religión de Cristo y la otra mitad en la de Lenin? ¡No! ¡No! Escuche bien, ponga atención a lo que voy a decirle. Todo esto sucede porque los españoles no creen en nada. ¡En nada! ¡En nada! Están desesperados. Ningún otro idioma del mundo posee esta palabra. El desesperado es el que ha perdido toda esperanza, el que ya no cree en nada y que, privado de la fe, es presa de la rabia.
-”¡Nada!-exclama-. ¡Nada! El rostro de la verdad es temible. ¿Cuál es nuestro deber? Ocultar la verdad al pueblo. El Antiguo Testamento dice:”El que mira a Dios a la cara, morirá”. El mismo Moisés no pudo mirarlo a la cara. Lo vio por detrás, y solamente un faldón de su vestido. Así es la vida. Engañar, engañar al pueblo para que el miserable tenga la fuerza y el gusto por vivir. Si supiera la verdad, ya no podría, ya no querría vivir. El pueblo tiene necesidad de mitos, de ilusiones; el pueblo tiene necesidad de ser engañado. Esto es lo que sostiene en la vida. Justamente acabo de escribir un libro sobre este asunto...”

Fedea... Fe es lo que pedía otro gran escritor bilbaíno del siglo XX, Gabriel Aresti. Desde postulados ideológicos muy diferentes la reclamaba para la juventud vasca:
"...pentsatu nuen
orduan
Barrenkalle Barrenako Saibigainen
gudari gehiago erori dela
Urkiolako Saibigainen baino.
baina ez.nion esan,
gazteriak fedea
behar baitu,
eta gainera
nik esperantzarik,
federik
edo karitaterik
eztaukadalako...."

( ...Pensé entonces que habían muerto más gudaris en el [bar] Saibigain de Barrenkalle Barrena que en el [monte] Saibigain de Urkiola [durante la guerra civil] pero no se lo dije porque la juventud necesita fe y yo ya no tengo ni fe ni esperanza ni caridad...)
Euskal Harria
(1968). Gabriel Aresti

Espero que esta "fe para los jóvenes, que yo no la tengo" no sea una característica moral de los grandes escritores bilbaínos.